Las cuevas en Granada

 

Los gitanos y las cuevas, en Granada

Condiciones físicas

cueva-de-gitanosNo hay duda que el medio natural ha tenido una fuerte participación en el medio cultural gitano. La cueva requiere unas condiciones muy favorables para poder ser excavada y servir de habitación. Una inadecuada orientación puede dar al traste con su climatización. La temperatura interior en una cueva bien orientada oscila entre los 16 y 19º C. Esto favorece económicamente a los moradores, dado que les evita gastos de calefacción y refrigeración. Por otro lado, debe estar bien situada en relación con el agua, por la gran dificultad que supone su acarreo a lo alto de un cerro. Entre los inconvenientes más frecuentes, encontramos: a) Acumulaci6n de basuras en lugares cercanos a la cueva, lo que crea problemas de insalubridad; b) la humedad de muchas de ellas a causa de los niveles de aguas subterráneas que, a veces, no están a mucha profundidad y como consecuencia provoca enfermedades reumáticas; c) el inmovilismo de la cueva restringe las tendencias nómadas de los gitanos. La gran profusión del hábitat troglodita en la provincia de Granada, en parte, se debió a la facilidad que ofrecían ciertos suelos compuestos por conglomerados, areniscas, margas y calizas, para ser trabajados sin que presentasen problemas de derrumbe. Estos suelos que jalonan los ríos Darro, Beiro y Genil tienen fuertes pendientes que permitían, por su orientación, la mayoría al sur y al sudeste, el asentamiento humano en los diversos niveles del terreno, resguardando a sus moradores de los rigores del verano, en un juego de entrantes y salientes de los que sólo se aprovechan los espacios más idóneos, quedando otros vacíos.

 Técnicas de excavación y tipos de cuevas

Por lo general, se adaptan a la forma del terreno, siendo casi nula la preparación del mismo. Sin embargo, no hay duda que, a veces, en algunos sectores se observa un acondicionamiento previo antes de la excavación, principalmente de los accesos y entradas. Éste consiste en cortar verticalmente un sector del cerro, donde va la fachada, dejándole, rara vez, visera en la parte superior. A la vez, y lateralmente, se preparan dos planos triangulares que sirven de muros de contención y resguardan la fachada. Estos planos con respecto a la fachada forman casi siempre un ángulo superior a 90º.También se nivela el terreno frente a la fachada, formando una especie de plazuela que da amplitud a la entrada y sirve de desahogo a sus moradores. Los trabajos comunitarios de desmontes para arreglar los accesos los realizan los miembros de los linajes que allí viven. Cuando se excava una cueva, tanto si se hace horizontal como en foso, se acostumbra a utilizar la técnica del arco, consistente en trazar un arco de medio punto en la pared, desde el que se excavará de arriba abajo, penetrando un metro o metro y medio, espesor que se da a los muros de carga, de frente y lateralmente; luego se harán otros arcos sucesivos según se vayan horadando hasta conseguir la altura deseada. El arco, además de servir como referencia en la excavación, da seguridad a la misma. Pese a la variedad de técnicas usadas en la horadación de las cuevas, dos formas son las más generalizadas: a) las excavadas de forma horizontal y a ras del suelo del camino o sendero, tipo más frecuente; b) las excavadas en foso y a partir de aquí y a ese nivel se horadan las demás habitaciones. Desde el camino o sendero para llegar a la primera habitación se desciende mediante rampa o escalones. Este tipo es consecuencia de la poca elevación del cerro. Un cerro que tenga unos cinco metros de altura forzosamente habrá de excavarse en foso. Una y otra forma de excavación aprovecha intensamente el suelo, porque se hace en profundidad y perpendicular al cerro, excepto cuando se «sobaquea», es decir, se abre una habitación a cada lado de la primera. Estas habitaciones van dotadas de ventanas. La primera habitación es la entrada y sirve de acceso a las demás. La forma de esta primera habitación puede variar, así como sus dimensiones: las hay cuadradas, rectangulares, trapezoidales, ovaladas, etc. Por lo general presentan un techo con bóveda de medio cañón, con una altura en el centro de 2,5 m. a 4 m. y 1,5 m. a 2 m. en los arranques. El suelo se pica nivelado y si la arcilla es buena se le deja natural, fregándolo sólo con agua. En otras ocasiones, después de picado, se le echan de 3 a 4 cm. de granza de arena, encima se les da mezcla y luego se pone solería. En cuanto a las paredes interiores, se procuran cortar de forma vertical y, a veces, en talud para mayor consistencia de las mismas. Si en plena excavación aparece una veta de arena, ésta se neutraliza con mortero. Las paredes presentan una textura tosca y rugosa, propia de las huellas de las herramientas aplicadas, sobre las que se dan lechadas de cal que con el tiempo van formando sucesivas capas. Igual ocurre con los techos. Otras veces la preparación de las paredes es más compleja, primero se levantan los lados con ladrillos, después de repellan con cemento y luego se enlucen con yeso. Una vez finalizada la operación se dan varias lechadas de cal, aproximadamente tres manos. En las paredes se acostumbra a excavar nichos que sirven de alacenas. La técnica utilizada es también la del arco, aunque los hay adintelados. El número de nichos varía de unas habitaciones a otras, siendo más frecuente en la cocina y comedor. La chimenea es otra de las características internas y externas de algunas cuevas, dándose cierta variedad de ellas. La horadación de las mismas se hace desde el interior de la cueva, y de abajo hacia arriba. Se trata sencillamente de abrir un agujero que se comunique con el exterior para dar salida al humo. En algunas cuevas, la chimenea arranca desde el suelo mediante una construcción de ladrillo o mampostería, y en otras, aproximadamente, a un metro del mismo. En cuanto a la forma, las hay troncocónicas, cilíndricas, etc. La mayoría de estas cuevas quedan separadas por muros medianeros, a veces dos cuevas pueden quedar unidas, si tienen un único dueño, mediante un pasillo que comunica, a través del muro medianero, dos habitaciones. Otras, más raramente, cumpliéndose el requisito anterior de un solo propietario y en el caso de que una cueva esté encima de otra, pueden quedar unidas externamente por una escalera, aunque el acceso a una y otra sea independiente. También pueden quedar aisladas del conjunto mediante obra de albañilería o con una verja. Tipos de cuevas: Las cuevas se pueden dividir atendiendo: 1) a la disposición de las habitaciones; 2) número, y 3) función de las mismas. 1) Disposición. La disposición de las habitaciones varía dentro de un mismo sector y está relacionada con la forma del terreno y el número de habitaciones. La conjugación de ambos ha proporcionado los siguientes tipos:

1.1) En hilera, es decir, una habitación a continuación de otra:

1.2) En ala. Partiendo de una principal, se excavan habitaciones laterales, a un lado o a ambos. Varias cuevas de una habitación unidas interiormente pueden presentar esta disposición:

1.3) Tipo mixto, es decir, que participa de la hilera y del ala:

1.4) En forma de abanico. Son habitaciones que están dispuestas tangencialmente a la de acceso

1.5) Disposición anárquica. Cuando no presenta ningún tipo anterior.

2) Atendiendo al número de habitaciones, las cuevas se pueden dividir:

2.1) Cuevas de una habitación.

2.2) Cuevas de dos habitaciones o más.

Ambas están presentes en todos los núcleos anteriormente citados. Las fachadas de las cuevas, generalmente encaladas, son el resultado casi siempre de la disposición de las habitaciones. Las que han adoptado una disposición en ala, mixta o anárquica son las que abren ventanas al exterior. Aunque hay que señalar que hemos encontrado en algunas disposiciones en hilera ventanas al exterior, cuando la longitud de la fachada se lo permitía. 3) Atendiendo a la función. Por último, las cuevas se pueden dividir:

3.1) Cueva vivienda.

3.2) Cueva negocio.

3.3) Tipo intermedio.

 Cueva vivienda

Vamos a describir la cueva vivienda, por ser la más abundante y encontrarse extendida en todos los núcleos de hábitat troglodita. Su aspecto exterior depende del cuidado y atención de sus moradores. Generalmente encaladas, presentan puertas adinteladas y ventanas enmarcadas. A veces, el vano es tapado con sacos, tela de algodón o manta. El arco, construido de ladrillo, en la mayoría de los vanos es escarzano o de medio punto. También las jambas son de ladrillo o madera. Externamente, algunas fachadas presentan un saledizo por encima de la puerta que las resguarda del agua a la vez que decora la fachada, rompiendo la monotonía de la misma.  El aspecto interno de la cueva depende de sus propietarios o de los que la habitan, así como del nivel económico de los mismos. El suelo puede ir desde la tierra batida a la solería, pasando por la piedra, cemento y ladrillo. Igual ocurre con los vanos interiores y con el remate de los techos, paredes y nichos. El techo generalmente está encalado y de él pende una lámpara o un simple cordón con una bombilla. El nicho está presente en casi todas las cuevas y tiene la gran utilidad de servir de repisa y otras veces de minúscula alacena, donde se exhibe la radio y algún que otro vaso y platos. Su utilidad se hace más perentoria cuanto menor es el número de habitaciones. En cuanto al destino que se le da a las habitaciones, siempre dependiendo de su número así como de las personas que las habitan, hay una tradicional forma de distribución: La primera habitación hace de comedor, sala de estar y recibidor y en algunos casos de cocina, y las del fondo se utilizan de dormitorios. Cuando el número de habitaciones es superior a dos y además hay habitaciones« sobaqueadas», indistintamente, una puede ser cocina o dormitorio y la otra cuarto trastero, gallinero o cuadra. Lo frecuente es que la primera habitación de la derecha se use como cocina. Esta habitación exige tener mayor luminosidad y aireación, por ser el lugar donde pasa mayor tiempo la gitana. Las cuevas de una habitación todo lo reunían en una sola dependencia, excepto la cocina que alternaba fuera o dentro, según lloviera o no. También, a veces, cuando un gitano podía obtener una cueva adicional e independiente, la utilizaba como cuadra, gallinero o cocina. En las entradas de los dormitorios es frecuente el uso de cortinas o similares, que los apartan de la vista de quienes se hallen en el comedor. El mobiliario depende del nivel económico, en la mayoría de los casos, y va desde una mesa de camilla de «railite» y unas sillas de anea o de plástico, con algunos cacharros de cocina y una cama, hasta la existencia de algunos muebles con brillo, armarios, muebles de cocina y aparatos electrodomésticos. Hasta hace unos años, cuando una familia conseguía poseer un frigorífico o similar, éste presidía el comedor, causando la sensación y envidia de los vecinos. Igual ocurre con el televisor. La sala de estar es corriente que esté decorada con objetos de cobre, propios de su industria, con estampas devotas / retratos de familiares, así como con cuadros de recuerdo de nacimiento o primera comunión.

 Cueva negocio

La cueva negocio no es muy frecuente y sólo se encuentran en determinadas zonas: Sacromonte y Barranco del Abogado. La cueva negocio puede ser a su vez: zambra, bar, tienda, etc., según lo que en ella se haga o venda. Su decoración es mucho más profusa en objetos de cobre, tejidos alpujarreños, platos, estampas y fotografías de gitanos o turistas famosos que han visitado el espectáculo. La zambra se da únicamente en el Sacromonte. El número de habitaciones casi nunca es superior a tres.

 Tipo intermedio

El tipo intermedio es el que participa de negocio y vivienda. Está más extendido que el anterior, sobre todo en el Sacromonte y es más antiguo. Igual que la cueva negocio, puede ser: zambra, bar, tienda, etc. Las habitaciones interiores son las que se destinan a dormitorios y las laterales, cuando las hay, a cocina, comedor… Las zambras ocupan los mejores lugares del Camino. Generalmente aparecen agrupadas en dos o más salas, cuando pertenecen a un mismo dueño o los propietarios acostumbran a atender conjuntamente a un grupo numeroso. El acceso a la zambra se hace directamente desde el Camino o a través de una explanada de cemento, patio o escaleras. La primera habitación es la que sirve como salón-escenario, adaptándose su tamaño a la cueva, pues no hay unas medidas rígidas. Así hay unas con un sa1ón de 15 m. por 4 m. y otras de 5 m. por 3 ó 4 m. Las sillas pueden quedar pegadas a ambos lados, sólo en una parte o en forma de «L».Esta última forma deja un pasillo por detrás de los turistas, desde el que han operado algunos aficionados a lo ajeno. El salón de baile generalmente comunica con algunos huecos o habitaciones laterales, donde se sacan los vinos y otros productos con que se obsequia a los visitantes. Al fondo del salón de baile se encuentra generalmente una habitación de 3 m. por 2 m., que hace de dormitorio. Otras cuevas, con salones de baile independientes entre sí, quedan unidas mediante pasillo cuando son de un mismo dueño y una de ellas se dedica única y exclusivamente al baile, mientras la otra presenta la disposición descrita anteriormente. Estas cuevas de las zambras son las mejores y más cuidadas. El suelo suele estar embaldosado y las paredes bien encaladas. Generalmente acostumbran a darle varias lechadas para que empapen la cal y resalte su blancura. El techo de estas cuevas parece una nave invertida; otras veces semeja estalactitas y estalagmitas. Sin embargo hay que señalar que la forma más frecuente que hemos encontrado tanto en las cuevas espectáculo como en las de vivienda y negocio ha sido la de bóvedas de medio cañón y de arista.

Las acumulaciones trogloditas, fronteras e indicadores de distintos niveles sociales y económicos: Algunos datos sobre las viviendas

Entre estas zonas y la ciudad hay unos espacios inconexos que convierten a las acumulaciones trogloditas en «islas humanas», unidas artificialmente a la ciudad, pero a la vez y a modo de fronteras estos espacios separan unas zonas de otras. Así cada sector de los enunciados tiene su territorio propio con una frontera delimitada y un territorio de nadie, que es la ciudad. Unas zonas son más prestigiosas que otras: El Sacromonte es un barrio de nivel económico más alto, mientras que el Beiro era uno de los sectores más bajos. Decir que tal gitano vivía en el río Beiro equivalía a decir que era muy pobre, o que poseía escasos recursos. A veces, puede llegar a significar que es un pedigüeño, que no tiene profesión o que carece de iniciativa. Los gitanos tienen una forma de calificados: «Los del Beiro son la mayoría erdichaos» . La desigualdad económica ha sido elemento básico en la configuración de la comunidad gitana y perfilador de determinadas actitudes. Vivir en el Beiro puede llevar connotaciones como la de ser «pobre», «peligroso» o «peleante». El traspasar estas fronteras, cuando se trata de linajes enemigos o en «compromiso» , equivale a una declaración formal de guerra. Lo prescrito es respetarlas y de esta forma evitar el «compromiso». Una transgresión de lo establecido es sancionada por la comunidad: «Si es de un barrio no debe acudir a otro». De igual modo, dentro del mismo sector quedan establecidas otras fronteras entre los linajes en «compromiso».A veces sirve de frontera una carretera o una plaza. De esta forma se pueden dividir en los de «arriba» y los de «abajo», o los de tal plaza. Los límites sólo son perceptibles para ellos. El «compromiso», por tanto, obliga a defender el propio territorio y a excluirse del otro, a la vez que sirve para definir la territorialidad de los diversos grupos gitanos. A veces, el temor al enemigo ha hecho que algunos linajes elijan lugares incómodos y apartados. El tipo de vivienda anterior a las inundaciones, su agrupamiento y lejanía respondía a patrones culturales. Indicaba la armonía entre los linajes y familias que allí vivían, así como expresaba la existencia de lazos de parentesco entre algunos de ellos. El aislamiento voluntario o forzoso de los grupos ha protegido y facilitado la endogamia. La mayoría de estas viviendas carecían de servicios necesarios como son la luz, el agua o retrete. Si comparamos los datos que hemos obtenido en los gitanos de Granada capital, en 1962, con los de la población total de la provincia de Granada y España en 1960, veremos las condiciones ínfimas en que vivían y viven los gitanos, sobre todo los de cuevas. Varias cuevas podían albergar a un linaje o un linaje podía poseer una sola cueva. El número, tamaño y el aspecto de las mismas era expresión de las posibilidades económicas de sus dueños y en algunos casos un claro indicio del estadio en que se encontraba el linaje dentro del proceso de aculturación. En cada vivienda se comprimían físicamente los miembros de cada linaje, como una necesidad impuesta para la responsabilidad y cooperatividad del mismo. La inseguridad que ofrecían algunas cuevas sobre todo a partir de los temporales de 1962 y el escaso valor adquisitivo que presentan estas zonas, ha hecho que algunos gitanos, de nivel económico superior, adquirieran terrenos en dichas zonas y edificasen una casa. Las casas que hay junto a las cuevas equivocadamente representan en la conciencia «castellana» un romper con las tradiciones culturales, cuando por el contrario no representan sino un simple cambio de vivienda, que sigue ofreciendo aquellas inmejorables condiciones que el marginalismo le confería a la cueva y reúne nuevas ventajas, como son la de no presentar peligro de derrumbamiento y poder emplazarle adecuadamente. Así no es de extrañar que en estas zonas de cuevas encontremos casas diseminadas. Otro caso muy diferente es cuando el despegue económico y cultural de algunas familias gitanas, las menos, hace que adopten la casa como vivienda, rivalizando con los «castellanos» en arreglo, decoración y mobiliario, llegando incluso al distanciamiento físico del grupo y aventurándose, estos gitanos, a una etapa de incomprensión de dos grupos antagónicos: gitanos y «castellanos», pero con la esperanza de que la adopción de costumbres «castellanas» y el dinero todo lo solucionarán. Un grupo más numeroso está representado por aquellos otros gitanos que, careciendo de algunos medios económicos, impulsados por los derrumbamientos y expulsados por las autoridades, tuvieron que adoptar la casa tras la dura prueba de los albergues. Para éstos últimos, ingente cantidad de gitanos, hubo un desarraigo del lugar y un traslado apremiante y forzoso a la casa, en otra zona, en unas condiciones económicas incomprensibles. De este modo aparecieron los ya históricos grupos de viviendas para gitanos, en Haza Grande, Zaidín, Polígono de la Paz y Virgencica, que obligaron a vivir, a veces, separadamente a miembros de un mismo linaje, y otras, a vivir junto a linajes en «compromiso» La solución, a todas luces arbitraria, tomó como unidad a la familia «castellana», sin pararse a pensar en la posible existencia entre los gitanos de una unidad mayor: el linaje. Este caos surgió ya con los albergues, donde se vieron separados incluso padres e hijos. El objetivo parecía claro: la destrucción de la cultura gitana, bien por la integración de algunos de sus componentes, bien atacando sus estructuras. La cueva también era símbolo del complejo socioeconómico tradicional, frente a la casa, que tiene un matiz de transición al modo urbano «castellano», que ha llevado a la supresión de algunas de las partes de la anterior estructura en la que junto a la vivienda se incluía la cuadra, el taller artesanal, el negocio o el salón de baile. Esta diferencia de estructura entre la casa y la cueva creó una serie de problemas en los gitanos, que del día a la noche se encontraron de la cueva en la casa. A modo de ejemplo podemos decir uno de los muchos casos que ocurrieron. Cuando les dieron las primeras casas a los gitanos, algunos se empeñaron en meter el burro en el piso, lo que produjo una fuerte reacción negativa en los vecinos «castellanos». De igual modo hubo protestas de los golpes y lumbres que hacían los gitanos artesanos en las casas. El resultado fue la expulsión de burro y amo y de gitano y fragua, ante el conforme regocijo general de los que habían pronosticado que los gitanos no podían vivir nada más que en cuevas. Con la creación de los nuevos barrios, gran número de gitanos adoptan la casa como forma de habitación, a la vez que ceden parte de su capacidad de imponer el control ante la organización socioeconómica «castellana». La llevada de los gitanos a estos barrios no ha sido masiva sino dosificada con arreglo a su grado de aculturación. A mayor adopción de formas urbanas «castellanas», más prontitud en sacarlos de las cuevas y trasladarlos a casas mejores y confortables. A la vez que servía de garantía no ya para la tranquilidad del barrio sino también para la seguridad de la pronta efectuación del pago de las casas. Pero una fuerte demanda de casas de esta índole por parte de los «castellanos» terminó perjudicando a los gitanos, incluso a aquellos cuyas formas externas de vida eran puro calco de la «castellana». Esto demostró que a la hora de dar las casas había otros factores que jugaban un papel importante, además del económico y cultural. Ser gitano o «castellano» podía decidir en el momento de confeccionar una lista para ir a uno de los nuevos barrios. A la vez, ocasionó una aceleración por parte de los linajes a adoptar, aunque fuera externamente, formas «castellanas», creyendo de este modo que rápidamente serían recompensados. Así hubo linajes que recriminaron a sus miembros el ser tan gitanos. También se produjo momentáneamente un mayor acercamiento a la Iglesia, para captarse el favor del párroco. El cura podría así decir que eran buenos y honrados… y por tanto merecedores de estar en una casa y no en una cueva. Ángel Pérez Casas Director del Museo Arqueológico Provincial de Almería